domingo, 15 de abril de 2007

EL ARCO IRIS NOCTURNO

Tenemos todos, en la sociedad de la que nos hemos dotado con grandes dificultades a lo largo y ancho de nuestra evolución, progreso y desarrollo, con guerras de toda índole; sobrados motivos para ser felices día a día.
Despertar cada mañana sabiendo que podíamos no hacerlo nunca más. Un día, como si nos hubieran formateado el disco duro, -usando el símil informático- se nos borrarán todos los vestigios de lo que fuera nuestra vida, muchas veces anodina para unos, insoportable para otros.
Sin embargo, en nuestro entorno bulle tal algarabía de colores y vida, que olvidamos con frecuencia, que las pequeñas cosas y los detalles son la urdimbre de las grandes cosas y de los objetos que suscitan nuestra atención.
Haciendo acopio de memoria, entre los miles de recuerdos ya lejanos, hay uno empero, que aflora con pertinaz frecuencia.
Era noche cerrada y lloviznaba en las orillas de un lago en la region de la Araucanía en el sur de Chile. Se sentía la presencia de toda suerte de personajes mítico-nocturnos en un lago poblado de leyendas de conquistadores y conquistados, cuando de pronto, muy lentamente y mientras aparecía una enorme luna llena detrás de las nubes, fue cruzando el cielo oscuro y lluvioso, un hermoso Arco Iris nocturno formado por 7 franjas grises que iban del negro, en la parte superior, al gris claro, en la inferior. Fascinado por dicho acontecimiento, de inmediato quisimos compartir la experiencia con otras personas, pero no teníamos más compañía que la noche negra y silenciosa en aquella playa de arena oscura y volcánica.
La felicidad, es un sentimiento personal y está en los pequeños detalles y matices de nuestras lacónicas vidas.