domingo, 15 de abril de 2007

NUESTRA LIBERTAD. UN PRECIO MUY ALTO

Lo que faltaba. A nuestra precaria libertad en este mundo, en esta breve experiencia de vida. Cuando han decidido por nosotros desde que nacemos, sobre lo que debemos comer, sentir y saber. Cuando en esta vida cuadriculada nos han determinado en unos insoportables límites de lo que se permite y de lo tolerable.
Cuando se explota al ser humano haciéndolo trabajar más de 8 horas al día y 8 horas de descanso, dejando un margen de 8 horas al día para vivir. Eso en el caso de aquellos afortunados que pertenecen a la clase trabajadora en el “nuevo” orden social de los que trabajan y los que no, ya no ricos y pobres. Cuando, incluso, siguiendo de forma escrupulosa las reglas y leyes impuestas y con obediencia enfermiza (Miedo a la Libertad. Erich Fromm) y perdiendo nuestra identidad por el camino, observamos que quien no cumple con dichos preceptos son el sistema y quien lo detenta.
Sin embargo, lo que debería hacer saltar las alarmas sobre nuestras libertades acotadas, ha pasado desapercibido y a nuestro juicio inaceptable.
Cruzar una calle por cualquier lugar que no sea el paso de cebra, multa de 100 €.
Quien suscribe, que en plenas facultades volitivas ha caminado decidiendo a cada paso por dónde ha de ir y en lo posible a campo traviesa, casi por el simbolismo que encierra dicho acto, para recordar en cada instante que es cuasi dueño de su vida, ve inaceptable dicho bando.
Las ciudades se han hecho para los hombres, mujeres y niños que la cohabitan y éstos no pueden ni deben supeditarse a los coches y máquinas por un mezquino e injusto estipendio.
El futuro de las ciudades pequeñas es peatonal y lo será aquí y en la “quebrá del txakolí”.

EL ARCO IRIS NOCTURNO

Tenemos todos, en la sociedad de la que nos hemos dotado con grandes dificultades a lo largo y ancho de nuestra evolución, progreso y desarrollo, con guerras de toda índole; sobrados motivos para ser felices día a día.
Despertar cada mañana sabiendo que podíamos no hacerlo nunca más. Un día, como si nos hubieran formateado el disco duro, -usando el símil informático- se nos borrarán todos los vestigios de lo que fuera nuestra vida, muchas veces anodina para unos, insoportable para otros.
Sin embargo, en nuestro entorno bulle tal algarabía de colores y vida, que olvidamos con frecuencia, que las pequeñas cosas y los detalles son la urdimbre de las grandes cosas y de los objetos que suscitan nuestra atención.
Haciendo acopio de memoria, entre los miles de recuerdos ya lejanos, hay uno empero, que aflora con pertinaz frecuencia.
Era noche cerrada y lloviznaba en las orillas de un lago en la region de la Araucanía en el sur de Chile. Se sentía la presencia de toda suerte de personajes mítico-nocturnos en un lago poblado de leyendas de conquistadores y conquistados, cuando de pronto, muy lentamente y mientras aparecía una enorme luna llena detrás de las nubes, fue cruzando el cielo oscuro y lluvioso, un hermoso Arco Iris nocturno formado por 7 franjas grises que iban del negro, en la parte superior, al gris claro, en la inferior. Fascinado por dicho acontecimiento, de inmediato quisimos compartir la experiencia con otras personas, pero no teníamos más compañía que la noche negra y silenciosa en aquella playa de arena oscura y volcánica.
La felicidad, es un sentimiento personal y está en los pequeños detalles y matices de nuestras lacónicas vidas.